El 18 de mayo de 2009, la Corporación Mundial de la Mujer Colombia cumple 20 años de labores, ofreciendo a miles de colombianos y colombianas de bajos ingresos, oportunidades reales de progreso para el mejoramiento de su nivel de vida, con una gestión transparente, eficiente y comprometida. Hoy la Corporación cierra exitosamente un capítulo como facilitadora de crédito a microempresarios y da inicio a una nueva empresa social, que continuará otorgando soluciones que contribuyan al bienestar de los emprendedores menos favorecidos especialmente mujeres, a todo lo largo y ancho de Colombia. Durante años de trabajo, más de cien mil clientes pudieron satisfacer y superar sus necesidades de crédito, mejorar las condiciones de vida de sus familias y construir para sus hijos mayores oportunidades para su desarrollo y educación. Miles de historias de vida se encuentran tras las personas que recibieron los créditos por parte de la Corporación. Algunas de ellas fueron recopiladas en el año 2004 por la doctora María Mercedes Gómez de Bahamón en el libro, "Historias que merecen ser contadas", las cuales evidencian el impacto positivo de las actividades de la Corporación sobre la vida de sus clientes. Estas historias revelan, confidencias y sueños y tienen en común las difíciles condiciones en las que vivieron sus protagonistas. Microempresarias y microempresarios con ánimo de seguir adelante y que gracias al apoyo de la Corporación, han logrado hacer realidad sus sueños. Retomando algunos de estos relatos, que nos recuerdan el por qué existe una entidad como la Corporación y cuáles han sido los resultados de su actividad, encontramos a Lucila Galán Gómez, a quien la pobreza la acompañó en su vida desde que era niña. Una mujer, que nunca supo lo que era la niñez o la adolescencia, recuerda que trabajó desde que empezó a caminar. En Bogotá, luego de muchos años como empleada en casa de familia, haberse casado y perdido a su primer hijo, Lucila decidió que quería una vida mejor. El nacimiento de su hija, Julie Andrea, la llevó a concretar este deseo y empezó a "aprender a hacer algo mejor". Inició sus estudios en tejidos. Tiempo después, con la ayuda de unas religiosas inició su primer negocio haciendo sacos a máquina, lo cual le permitió ahorrar lo suficiente para construir su casa e iniciar su negocio. Hoy, con el apoyo de la Corporación Mundial de la Mujer Colombia, Lucila, no sólo cuenta con un negocio exitoso, en el que vende sacos, cosméticos, cortinas, y otros productos, sino que también logró sacar adelante a su hija, quien ya es profesional. En otro lugar se encuentra don Humberto Márquez quien está convencido de que el trabajo "es la mejor forma de resolver las dificultades, inclusive las sentimentales". Es un zapatero solitario, separado y con una hija a la que casi nunca ve, pero que tiene la convicción de que si uno trabaja con amor y honradez, tratando de mejorar cada día, corrigiendo sus errores, podrá salir adelante. Su estrategia es ofrecer excelentes productos a precios moderados, aunque en ocasiones se reduzca la utilidad. Su expectativa es producir más, vender más y así poder ampliar su negocio, en el cual se inició desde los nueve años. El crecimiento de su empresa se convirtió en el motor para continuar luchando y finalmente poder tener casa propia. Estas y otras historias inspiradoras, han sido posibles gracias a los avances e innovaciones logrados en el ámbito de las microfinanzas, en los últimos 34 años. Las condiciones de extrema pobreza en las que vivían millones de mujeres alrededor del mundo, se convirtieron, a partir de 1975, en la razón para poner en marcha una serie de iniciativas que les diera la posibilidad de acceder al crédito, con el fin de mejorar, en forma sostenible, su calidad de vida. Es así como en 1977 se da paso a la creación del WOMEN'S WORLD BANKING (WWB), en la ciudad de Nueva York y se conforma un comité de quince mujeres de todos los continentes cuya misión fue la de generar mecanismos que permitieran a las mujeres realizar actividades productivas y financieras gracias al acceso al crédito y de esa forma mejorar su calidad de vida. En 1980, se oficializó la operación internacional del WWB y la designación de su primera junta directiva. En diciembre de 1980, se reunieron en Cali un grupo de mujeres que serían las promotoras de la organización Friends of Women's World Banking - Cali, filial local del WWB. Debido a los resultados positivos se promovió la creación de varias instituciones homólogas e independientes en el país. Entre 1985 y 1987 nacieron organizaciones afiliadas en Popayán, Bucaramanga y Medellín. El 18 de mayo de 1989 en Bogotá, se creó la Corporación Mundial de la Mujer Colombia, con el fin de continuar favoreciendo principalmente a la mujer microempresaria de bajos ingresos. De esta forma, se dio vía libre a las actividades que habrían de facilitar el acceso a crédito a mujeres y hombres empresarios de la microempresa, quienes tenían dificultad de adquirir préstamos a través de entidades financieras reguladas. La Corporación se estableció como una organización no gubernamental (ONG) de derecho privado, sin ánimo de lucro y de beneficio social, de nacionalidad colombiana y con Personería Jurídica otorgada por la Alcaldía Mayor de Bogotá. Desde su nacimiento, la Corporación contó con el apoyo, no sólo del WWB, sino también de organismos y donantes internacionales tales como la Agencia Alemana de Cooperación-GTZ-, la Unión Europea, el BID - FOMIN - y Acción Internacional. Con estas contribuciones, la Corporación pudo contar con una metodología crediticia especializada para el microcrédito y consolidar un servicio eficiente, ágil y adaptado a las necesidades de sus clientes. Durante estos 20 años, especialmente en los últimos 10, la Corporación cumplió una labor significativa otorgando créditos a empresarios de la microempresa, sobre todo a mujeres de Bogotá, Cundinamarca y Boyacá. En este período, en promedio, la tasa de crecimiento de los créditos superó el 40%, llegando a $150.267 millones la cartera total a septiembre 30 de 2008. De éstos, el 73% se otorgaron a mujeres y el tamaño promedio del crédito fue de $1'579.000. Desde el 2005, la Corporación venía concentrando sus esfuerzos en concretar alianzas con distintas entidades que le permitieran ingresar al sistema financiero regulado. Su capacidad de colocación de nuevos créditos se veía limitada por la obtención de cupos de crédito de bancos y otras entidades financieras y sus clientes, cada vez con más insistencia, demandaban de ella servicios adicionales diferentes al crédito, los cuales no podían ser proveídos por la Corporación al no estar vigilada por la Superintendencia Financiera de Colombia. Como un primer avance en este sentido, a finales de 2006 se formalizó un Acuerdo de Integración entre las Corporaciones de Bogotá y Medellín, con el cual se homologaron las políticas y operaciones de ambas instituciones, con el fin de obtener economías de escala, la implementación de mejores prácticas y la identificación de un socio estratégico único, que las apoyara financieramente en su conversión a un banco vigilado y además les aportara experiencia bancaria. Es así, como durante el 2007 se identificó a la Fundación Microfinanzas BBVA como el socio idóneo, dando paso al nacimiento del Banco de las Microfinanzas -BANCAMIA S.A., el cual "congrega lo mejor de dos mundos, como es la experiencia microcrediticia de las dos Corporaciones y el conocimiento de la banca por parte de la Fundación". El Banco se creó con un capital social que ascendió, a 31 de diciembre de 2008, a $137.905 millones. Su "principal propósito es promover la integración y acceso de las personas más desfavorecidas al mundo de los servicios financieros, no solo al crédito". Igualmente, y pensando en el futuro, con la activa participación del Consejo Directivo, desde finales de 2007, la Corporación llevó a cabo un proceso de Planeación Estratégica, con el fin de identificar alternativas a la actividad de microcrédito que le permitiera seguir apoyando, de manera sostenible, a los emprendedores menos favorecidos del país, una vez la cartera de crédito pasara al nuevo Banco. Otro de los aspectos que se logró con este ejercicio fue definir áreas adicionales de trabajo para que la entidad continúe promoviendo preferencialmente el desarrollo integral de las mujeres colombianas menos favorecidas. Una de las consecuencias de estas nuevas actividades, fue la necesidad de diseñar no sólo un nuevo nombre, sino también un logo que comunique al público en general, el actual direccionamiento estratégico de la Corporación, distinto al otorgamiento de créditos a los empresarios de la microempresa. |
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